On being an ass I’ve really been a pro
Millencolin
Íbamos a vivir toda la vida juntos
íbamos a morir toda la muerte juntos
Manuel Scorza
Yo no la quise nunca, ni siquiera cuando le decía que la amaba, ni siquiera cuando ella decía que me amaba, era verano y habíamos ido a la playa, junto a su hermana Baby y unos muchachos que conocimos en el camino, muchachos es un decir, los niños tenían trece pero sabían andar con chicas mayores, hacerlas reír, divertirlas, y la pasaban bien, mejor que Lili y yo, mejor que los amigos que habíamos dejado en Lima, estaban locos y eso le encantaba a Baby, pero había un problema, siempre lo hay, y ése era yo.
No la quise nunca, ni siquiera cuando me salvó de morir en el mar, ni siquiera cuando le dije al oído que quería pasar el resto de mi vida a su lado, llevábamos un año juntos, conocía a su familia, a Baby, a la abuela Nona, a su madre loca que sin conocerme dijo que yo era el chico ideal, aún así hiciera los méritos para que cambiara de opinión, aún así el día de su cumpleaños llegara completamente borracho y tras botar la torta al suelo empezara a vomitar enfrente de los invitados, conocía a todos, incluso a la gata que me recibía con gritos siempre que entraba por la puerta, y a los canarios que no dejaron de cantar nunca en el patio, íbamos a pasar toda la vida juntos, lo prometimos delante de la virgen una tarde luego de tomarnos una botella de ron, era una promesa, como todo lo que decíamos.
Yo nunca la quise, pero aquella noche empecé a amarla cuando se marchó sola dejando un sabor a nada en los labios, sin perder tiempo, queriéndome como jamás alguien lo había hecho, yéndose lenta y arrastrando los pies sobre la arena como no lo había visto en nadie jamás, y así era, así de simple, Lili tenía veintiuno y sufría mucho en los inviernos, era frágil y dura, pero para esa época todo aquello había quedado atrás y estábamos en la playa junto a Baby y los muchachos que habíamos conocido en un grifo de la carretera, Baby y los muchachos, Baby y la locura, Baby y los gritos histéricos al lado de la fogata diciendo lárgate de acá, conchatumadre, Baby y la dulzura.
Yo a Lili no la quise nunca, y creo que ella tampoco a mí, ni siquiera en los inviernos cuando lloraba conmigo, ni siquiera cuando huimos desesperados y locos luego de robarnos ropa y algo de comida en una tienda del Sur, se podría decir que estábamos sin un centavo, el dinero que Baby y Lili habían sacado de la casa lo gastamos el primer día en cerveza y cigarros y en una fiesta a la que nos invitaron los muchachos, el plan era para un mes, pero todo acabó esa noche, esa madrugada, en aquella fogata con los gritos enloquecidos de Baby, el llanto de Lili y los insultos lejanos de los niños.
Era enero, la mamá de Lili me había pedido que por favor las cuidara, confiaba en mí a pesar de todo, decía que yo era el único muchacho en el que se podía confiar en estos tiempos difíciles, la abuela Nona no dijo nada porque para ese entonces ya no podía hablar, ni oír, ni caminar, se pasaba los días mirando a los canarios en el patio, sola desde el mueble de la sala, sola y con una especie de sonrisa en la cara, siempre creí que era la más loca de la casa, aunque no era cierto.
Nunca la quise, pero todo empezó a dolerme aquella noche, la segunda noche en la playa, cuando Baby intentaba hacer la fogata con los muchachos que habíamos conocido, matándose de risa de las historias que contaban, coqueteando y tocándose el pelo cuando uno de ellos la miraba a lo ojos, tenían trece años pero eran más altos que yo e incluso a algunos ya se les notaba la barba, tenían tatuajes y aretes en la cara, y no paraban de hablar de viajes y música y fiestas, entonces yo los miraba en silencio porque desde chico entendí que es mejor dejar las cosas así, asintiendo con la cabeza de vez en cuando, haciendo quizás alguna pregunta, son niños, me decía por dentro, son niños pero tienen encantada a Baby, a la tan extraña Baby, a Baby la imposible.
Yo no la quise nunca, y menos aún borracho en medio de cinco niños desadaptados y una fogata, menos aún con la imagen de Baby en bikini y bailando salsa sobre la arena, habían pasado más de tres horas desde que empezamos con las cervezas y el ron, Lili estaba a mi costado y yo creí que dormía, entonces las cosas simplemente se salieron de control, como a veces suelen salirse de control cuando ya resultan inevitables.
Baby y el ron, Baby y los ojitos marrones de la madre, Baby y los labios, yo no lo sabía, pero empezaba a gustarme la carita tierna y adolescente de Baby, las caderas de Baby al moverse, el pelo castaño y lacio de Baby a la luz del fuego, Baby no era tan niña, tenía diecisiete y le encantaba divertirse, le encantaba sonreír y pasarla bien con los amigos, y todo esto comenzó a brotarme desde el estómago mientras la veía bailar delante de nosotros, lentamente, como queriendo decir algo, como intentando enviar señales sobre algo que le venía de adentro, pero Baby siempre había sido dura e indiferente conmigo, Baby y yo nunca habíamos sido demasiado cercanos.
Yo a Lili no la quise en ningún momento mientras observaba a su hermana moverse con los ojos cerrados y los brazos pegados al cuerpo, pensaba que dormía y entonces me levanté dejando caer algo de arena, la música sonaba fuerte y vibrante desde una radio vieja llevada por los muchachos, sin que nadie lo notara empecé a caminar por detrás de ellos en dirección a Baby, Baby y la salsa, Baby y su piel bronceada, nadie me vio y con los pasos ligeros e inseguros me acerqué a su cuerpo, seguía con los ojos cerrados y se notaba algo borracha, se divertía, creo que Baby la estaba pasando bien, algunos de los muchachos cantaban, otros simplemente dormían, pero a nadie parecía interesarle, sólo a mí, los movimientos de Baby, Baby y la música, entonces no lo dudé, con mis manos llenas de arena le acaricié los brazos suaves y largos, abrazándola por atrás, estrechándola hacia mí con dulzura, Baby al inicio no hizo nada, su cuerpo continuó dócil y frágil, y sin perder demasiado tiempo la deslicé hacia un lado y la besé rápida, directamente, la hermana Baby, la adolescente Baby.
Yo seguía sin quererla cuando ella volteó la cara y me vio a los ojos con odio, empujándome mientras gritaba qué mierda haces hijo de puta, mientras Lili asustada se levantaba observando la escena sin entenderla, mientras los muchachos se ponían en guardia para golpearme, aléjate de ella, qué te pasa, y más gritos, mientras confundido y mareado miré la cara de Lili, la humillación de Lili, el dolor, lárgate de acá, conchatumadre, dijo Baby histérica, lárgate, pero antes de poder hacerlo noté que Lili, llorando y aturdida, empezaba a irse con aquellos pasos tan violentos y terribles sobre la arena, como jamás lo había visto en nadie, entonces sentí que todo me dolía con esa imagen.
Yo no la quise nunca, pero aquella noche empecé a amarla al ver esa espalda que se iba sin decir nada, a pesar de Baby y sus gritos, a pesar de los cinco muchachos que comenzaban a golpearme en la cara y el estómago con fuerza.

Menos mal no tengo hermanas
pero mi abuela sí canarios.
me gustó mucho, Juan Fra.
M.
“es mejor dejar las cosas asi..”
Como ya te habia dicho, me gusta tu blog y esta historia no es la excepción, aunque me parece que merecia otro final,es solo una opinion.
Acampar en la playa es de lo mejor, lastima que te tuvieran que agarrar a golpes.
Cuidate!